Ayer quise tener ocho años, tener las piernas sucias del polvo,
llevar esas zapatillas rotas, ese short colorido y ese polo desteñido del
cuello, jalar el hilo con fuerza luchando con el viento, y ver volar mi cometa más
alto que la del niño del costado, desee con tantas fuerzas ser ese niño de ocho
años que un hueco profundo en el pecho me
hizo saber que estaba en el lugar
incorrecto, a la hora imprecisa, que las seis de la tarde nunca ha sido una
buena hora para desear ser alguien más.
lunes, 10 de octubre de 2011
sábado, 26 de febrero de 2011
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